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miércoles, 10 de agosto de 2016

El Dragón Místico - Encuentro con la sombra.

Juan Pedro, en Espiritualidad Práctica, nos habla sobre el Dragón diciendo (2016):

"Si hay un animal mitológico cargado de simbolismo este es, sin duda, el dragón. Ahora bien, el enfoque que se da al mismo en oriente y en occidente parece, en principio, muy dispar. Vamos a analizar ambos por separado para luego intentar fundir los dos enfoques.

En China el dragón representa poder y hasta el emperador está simbolizado por él. El dragón, dueño del rayo, la tormenta y la tempestad, es quien trae el agua a la tierra y permite así la fertilidad de los campos. Es dador de vida, une cielo y tierra al hacer que lo que proviene del primero, la lluvia, fecunde la tierra. En la India el dragón se identifica con Agni, señor del rayo que supone el principio de todo.

Pero en nuestras tierras occidentales el dragón se asocia a lo demoníaco, al mal, a la destrucción, a la impiedad. Sin embargo, este enfoque es demasiado simplista para que sea aceptado sin más, sobre todo si tenemos en consideración que el bien y el mal no son más que parámetros mentales útiles para movernos en una tercera dimensión, pero el simbolismo es el lenguaje de dimensiones superiores.

Ya en la cultura helénica el dragón representa el guardián de tesoros escondidos y a él debemos enfrentarnos para ser capaces de acceder a los mismos. Pero ¿qué esconde ese tesoro que guarda el dragón para que los occidentales le tengamos tanto temor, para catalogarlo incluso de demoníaco?

El dragón encierra nuestra parte de sombra, eso que hay en nosotros y que, pese a la fuerza interna que tiene, no queremos aceptar pero que está allí. La sombra es una realidad del mundo dual que nos hace que si amamos a algo odiamos a lo contrario, que si deseamos esto, evitamos aquello. La pureza no puede existir en un mundo dual y de eso es de lo que se encarga el dragón, en decirnos que hay parte de sombra en nos
otros.

La famosa idea del amor incondicional sólo es posible si no hay sombra, y porque no es siempre posible vivir así, tememos al dragón. En resumen: el dragón defiende todo aquello que no queremos ver, por eso se le teme. ¿Qué es entonces vencer al dragón? Es alcanzar la pureza del sentimiento y pensamiento no dual, es afrontar la vida desde una posición de autentico Iluminado, es trascender de nuestra condición humana para empezar a entrar en la dimensión Espiritual.

Veamos dos ejemplos para que quede más claro esto. Si vemos la imagen que se muestra se puede ver como la cristiana Virgen María, está sobre el lomo de un dragón.

Ello indica que la Entidad Mariana ha trascendido su condición humana y su grado de Luz no genera sombra. Controla toda la Fuerza, incluso lo que para nosotros es la parte oscura. Es así directriz del Ser y vencedora de la sombra, pero no por una derrota infringida como si de una batalla se tratase, sino por ser capaz de tener un grado de Amor, de pureza, que no supone contrario alguno.

Pero hay algo más curioso. Si comparamos esa imagen con la que se muestra ahora y que representa a Kwan Yin, Entidad de culto de la China budista, vemos que ésta también cabalga sobre un dragón, es decir que nos muestra el mismo mensaje.

Culturas tan separadas como la nuestra y la del Extremo Oriente nos muestran un simbolismo parecido a la hora de reflejar el rostro femenino de la Divinidad, luego la coincidencia no puede ser casual, sino más bien refleja la causa en común que hemos señalado.

En
cada uno de nosotros, en la medida que generamos sombra al vivir dualmente, hay un dragón. De nosotros depende ser destruidos por él o bien cabalgar sobre sus lomos como hace Kwan Yin o la Inmaculada Virgen María".


Los celtas creían que donde pasaba, se posaba o vivía un Dragón eran centros de fuerza cósmica o terrenal, esta fuerza generaba poder sobre todo a los magos cuyos influjos astrales dominaban a los seres humanos. Están ligados a la naturaleza y sus poderes. Los héroes luchaban contra ellos y los vencían o los utilizaban como aliados en sus batallas. En algunas culturas el dragón es símbolo de sabiduría y creación (nacimiento-muerte-reencarnación).

También, el Dragón está relacionado con la imagen de la sombra en la psique. Es el demonio dentro de nosotros que debemos observar, de lado, para incorporar de él sólo el aprendizaje que nos permita llegar a la iluminación. La sombra es uno de los arquetipos psicológicos estudiados por Carl Jung, quien la definía así: 

"El más íntimo análisis de las características oscuras -tal es, las inferioridades que constituyen a la sombra- revela que ellas tienen una naturaleza emotiva, un tipo de autonomía, y por ende una cualidad obsesiva o, mejor, posesiva.  La emoción, entre paréntesis, no es una actividad del individuo sino algo que él experimenta. Los efectos ocurren usualmente donde la adaptación es más débil, y al mismo tiempo revelan la razón de su debilidad, es decir un cierto grado de inferioridad y la existencia de un nivel de personalidad más bajo. En este nivel más bajo -con sus incontroladas o escasamente controladas emociones- uno se comporta más o menos de forma primitiva, no siendo sólo la víctima pasiva de sus deseos sino también singularmente incapaz de hacer un juicio moral a los mismos."

El Dragón sería entonces, desde el punto de vista mitológico, esa imagen majestuosa de algo que no nos gusta de nosotros mismos y, por lo general, lo proyectamos en los demás. No es nada fácil encontrarlo dentro de nosotros; pero es absolutamente necesario para auto-conocernos y desarrollarnos como seres humanos sanos. Jung decía: 

"Es trágico ver con frecuencia como un hombre bulliciosamente estropea su propia vida y las de otros y sigue aún completamente incapaz de ver cuánto de la totalidad de su tragedia se origina en él mismo, y como continuamente la alimenta y la mantiene viva. No conscientemente, por supuesto -aún así conscientemente se compromete en lamentar y maldecir a un mundo infiel del cual se aleja cada vez más.  Más bien, es un factor inconsciente el que teje las ilusiones que disfraza su mundo. Y lo que está tejiéndose es un capullo, que al final lo envolverá completamente"...

Por otra parte, Jung pensaba:


Pero ¿qué podían haber hecho?  En Hitler, cada alemán había visto su propia sombra, su propio peor peligro.  Es el destino de todos para hacer conciencia y aprender a entenderse con la sombra.  Pero ¿cómo podían los alemanes esperar comprender esto, cuando nadie en el mundo puede entender tan simple verdad?  El mundo nunca logrará un estado de orden hasta que esta verdad sea generalmente reconocida.  En tanto, nos entretendremos con la aparición de toda suerte de razones externas y secundarias ya que no podemos lograrlo, aunque sabemos suficientemente bien que las condiciones dependen mucho más de la forma en que la tomemos.  Si, por ejemplo, la Suiza Francesa asumiera que la Suiza Alemana estuviese llena de maldad, nosotros en Suiza podríamos tener la más grande guerra civil de todos los tiempos, y podríamos también descubrir las más convenientes razones económicas por las cuales tal guerra era inevitable.  Bueno, no sólo nosotros, ya que aprendimos nuestra lección hace más de 400 años.  Concluimos que es 
mejor evitar guerras externas, cuando volvimos a casa y asumimos la lucha con nosotros mismos.  En Suiza hemos formado la atmósfera de una "democracia perfecta", donde nuestros instintos bélicos se consumen en la forma de riñas domésticas llamadas "vida política".  Peleamos mutuamente dentro de los límites de la ley y de la constitución y estamos inclinados a pensar la democracia como un estado crónico de guerra civil mitigada.  Estamos en guerra de estar en paz con nosotros mismos: por el contrario, nosotros nos auto peleamos y odiamos ya que hemos logrado pelear internamente.  Nuestro comportamiento aparentemente pacífico sirve para resguardar nuestras riñas domésticas de intrusos extraños quienes pueden perturbarnos.  Hasta ahora lo hemos logrado pero falta todavía un largo camino hasta la meta final.  Tenemos todavía enemigos en el género humano, y no hemos aún hecho funcionar al interior de nuestras desarmonías políticas.  Todavía laboramos bajo la insana desilusión de que deberíamos estar en paz dentro de nosotros mismos.  Aún incluso nuestro estado nacional, mitigado de guerra finalizaría pronto si todos pudiesen ver su propia sombra y ésta sería la única lucha que tiene realmente un mérito total:  la lucha contra el opresivo poder conductor de la sombra.  Tenemos un tolerable orden social en Suiza porque luchamos contra nosotros mismos.  Nuestro orden sería perfecto si solamente cada uno pudiese dirigir su agresividad al interior, dentro de su propia psique.  Desafortunadamente, nuestra educación religiosa nos previene de hacer ésto, con sus falsas promesas de una paz inmediatamente interior.  La paz puede venir al final, pero sólo cuando la victoria y la derrota hayan perdido su significado.  ¿Qué pensó nuestro Señor cuando dijo: 'Yo no vine a traer la paz, sino la guerra'?"...

No cabe duda que encontrarse con la sombra es un proceso de aprendizaje duramente enriquecedor; por eso es necesario ir en busca de nuestra propia sombra para encontrar nuestro Dragón Dorado Místico e Interior, nuestra creatividad. 

¿Qué opinarías tú al respecto?

¡Hasta pronto mis queridos lectores!!!

Mylene Rivas



Bibliografía:


Jung, Carl (1964): La psicología de la transferencia. Buenos Aires: Editorial Paidós. 198 p.
.……….…. (1979): Collected works. Bollingen Series XX. Princeton: Princeton University Press. 





domingo, 26 de mayo de 2013

LA HUMANIZACIÓN DEL HOMBRE (1)


Dra. Mylene F. Rivas R. (2) (3)
‘1995
"Vocatus atque non vocatus, Deus aderit". Inscripción latina que figura en el frontispicio de la casa de campo de Jung: “Se le nombre o no se le nombre, Dios está presente".
Carl Jung, (1955)
RESUMEN
A lo largo de toda su existencia el Hombre medita las sempiternas preguntas: ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Qué hago en este mundo? Sólo hay que ver pasar a las personas en la acera de una calle; para observar que cada una va produciendo su propia vida, quizás con metas definidas o quizás no; tal vez arguyendo sus propias alegrías o tristezas o, en el peor de los casos, recordando tiempos pasados; el hombre asemeja la savia ardiente y circulante de esto que llamamos mundo o sociedad. Por todo ello, una vida completa no bastaría para responder a esas preguntas. No obstante, en este trabajo se hará un somero intento de vislumbrar los matices de la imposibilidad de una respuesta inmediata. Tomaremos en consideración la importancia de la Sociedad y su influencia en ese psicológico construir alma del Ser Humano durante toda su existencia.
Palabras clave: Humanización, Psicología, Psicología Analítica, Arquetipos, Imágenes Arquetipales.
ABSTRACT
Throughout the own existence the man thinks about the eternal questions: What am I? Who am I? What do I do in this world? Just watching people on the sidewalk of a street, to see that each is producing his own life, perhaps with defined goals or perhaps not, perhaps arguing their own joys or sorrows or, in the worst case, remembering times past, the man resembles the sap circulating hot and this we call the world or society. Therefore, a full life is not sufficient to answer those questions. However, in this paper we make a cursory attempt to discern the nuances of the impossibility of an immediate response. We will consider the importance of the Company and its influence on the psychological construct of the human being soul throughout its existence.
Keywords: Humanization, Psychology, Analytical Psychology, Archetypes, archetypal images.
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(1) Publicado en: Revista FACES. Año 5. Nº 11. Diciembre – Febrero 1995. Pp. 124-135. CDCH-UC.
(2) Profesora Titular, adscrita al Departamento de Ciencias de la Conducta, Escuela de Relaciones Industriales, FACES-UC, Universidad de Carabobo, Valencia, 1992-2013.
(3) Directora Académica de PCO´s International, CA. Líderes en Aprendizaje Organizacional. Caracas, 2005-2013.
INTRODUCCIÓN
550031_487291154652874_1303233203_nLa sociedad mecanicista en la que vivimos, continuamente nos reduce a la rentabilidad como motivo de nuestra existencia -y no hablamos de lo productivo que pueda ser el hecho de que estemos en este mundo- sino del provecho material que algunos puedan sacar a la misma. Así pues, podemos decir que vivimos en una sociedad donde impera una contracultura de la humanización. Esto lo planteaba Erich Fromm en su aseveración de que el hombre es incapaz de amar la vida, por lo tanto es un necrófilo -destructor- activo (Fromm, 1986; p. 38). Con base a esto, podemos decir que el hombre está -cada vez más- contrahumanizado. La sobrevaloración y estimulación del logos (masculino) -hablamos de estudiar al hombre como objeto- y la consecuente polarización de lo racional cognitivo consciente, subestimando lo irracional relacional o emocional inconsciente; hace imposible, en esta sociedad tecnocrática, que el eros (femenino) se despliegue, asfixiando la esencia vital del Hombre: desarrollarse o autorrealizarse como Ser Humano.
SER HUMANO vs HUMANO SER
En muchas investigaciones de corte humanista o existencialista se ha tratado de alertar sobre esta problemática, sin embargo las mismas -en la mayoría de las oportunidades- se han dejado a un lado por calificarlas de poco científicas, siendo así contraatacadas por lo mismo que cuestionan. Fromm estableció que la esperanza es un elemento vital en el espíritu del hombre (Fromm, 1980; p. 24) y que esa esperanza de vida debe dirigirse hacia "...el amor y el trabajo compartido y emplear su libertad para construir una sociedad mejor" (Fromm citado por Hall y Lindzey, 1975; p. 25). En esta comunión se puede lograr una nueva sociedad, ya que la actual no satisface las necesidades del mismo. Esta nueva sociedad planteada por Fromm y que se manifiesta como ideal, él mismo la define como:
"Una sociedad en cuyo ámbito el hombre se une amistosamente al hombre; en la que consolide su arraigo mediante vínculos fraternos y solidarios... una sociedad que le ofrezca la posibilidad de trascender su naturaleza a través de la creación, no de la destrucción; en cuya esfera cada individuo adquiera la noción de sí mismo sintiéndose regido por sus propios poderes antes de por conformidad alguna; en la cual, sin necesidad de que el hombre distorsione la realidad ni rinda culto a ídolos, exista un sistema, de orientación y devoción". (Fromm citado por Hall y Lindzey, 1975; p. 29).
Fromm ha planteado -incluso- un hombre para esta sociedad socialista- humanista-comunitario; en ella todos los individuos dispondrían de iguales oportunidades para realizarse y no existiría soledad, ni aislamiento, ni desesperación; el Hombre encontraría un nuevo hogar, apto para la situación humana. (Fromm citado por Hall y Lindzey, 1975; p. 29). Así difundiríamos el esquema de ese ideal, al detallar como puede ser humanizada nuestra sociedad tecnocrática actual. Cabe resaltar que Fromm está influenciado por el marco histórico social de la Alemania de Postguerra, esto enfatiza su criterio humanista-social. La sociedad -según él lo veía- debería cambiar de necrófila -tecnocrática- a biófila -humanista-.
Ahora cabría preguntarnos: ¿qué es necrofilia? y ¿por qué es necrófila la sociedad actual? Fromm mismo lo explica de la manera siguiente: “La persona necrófila es movida por el deseo de convertir lo orgánico en inorgánico, de mirar la vida mecánicamente, como si todas las personas vivientes fuesen cosas... tener, y no ser, es lo que cuenta... Ama el control, y el acto de controlar mata la vida". (Fromm, 1986; p. 40). En consecuencia la sociedad a la cual pertenece este tipo de hombre es por ende necrófila en esencia. Ahora bien, ¿de dónde surge esa necrofilia?; Fromm plantea como parte del hombre, el problema de su propia existencia: "el hombre ha salido de la naturaleza, por decirlo así, y aún está en ella; es en parte divino y en parte animal, en parte infinito y en parte finito" (Fromm, 1976; p. 28).
Es en esa contradicción que subyace toda la problemática ya que la misma situación humana está implícita en las condiciones donde se desarrolla la existencia del hombre. Así establece que: "La necesidad de encontrar soluciones siempre nuevas para las contradicciones de su existencia, de encontrar formas cada vez más elevadas de unidad con la naturaleza, con sus prójimos y consigo mismo, es la fuente de todas las fuerzas psíquicas que mueven al hombre, de todas sus pasiones, afectos y ansiedades". (Fromm, 1976; p. 28)
Luego, la mera satisfacción de las necesidades básicas del hombre -comer, dormir, beber, sexo, etc.- no son suficientes para que éste se sienta plenamente humano, sus metas van más allá de lo posible; es aquí donde surge la imagen de la divinidad en lo primitivo simbólico ó en la naturaleza como el poder mágico que se despliega y que logra todo lo que desea, aunque este logro se alcance sólo con la muerte. Cabe decir que el hombre está en una búsqueda permanente del sentido de su existencia, la cual en muchas oportunidades se ve fracturada por la cantidad de obstáculos que se presentan en la vida diaria y que son producto de la misma sociedad en que habitan, así se podría aseverar que:
"...el hombre no puede seguir siendo considerado como un ser cuya preocupación básica es la de satisfacer impulsos y gratificar instintos, o bien reconciliar al ello, al yo y al superyó; ni la realidad humana puede comprenderse meramente como el resultado de procesos condicionantes o de reflejos condicionados. En dicha dimensión, el hombre se revela como un ente en busca de sentido; una búsqueda que, realizada en vano, es origen de muchos males de nuestra época". (Frankl, 1984; p. 16)
De esta manera, sólo faltaría responder a la pregunta ¿por qué la sociedad actual es necrófila?; esto se vislumbra un poco a través de la Teoría Psicoanalítica Freudiana, aunque quedan algunas lagunas que la teoría junguiana puede aclarar. El Psicoanálisis de Freud plantea que el hombre tiene una necesidad irracional de satisfacer deseos y éstos a su vez son inconscientes; lo cual limita su posible actividad social.
"En condiciones normales nada nos parece tan seguro y establecido como la sensación de nuestra mismidad, de nuestro propio yo. Este yo se nos presenta como algo independiente, unitario, bien demarcado frente a todo lo demás. Sólo la investigación psicoanalítica, que por otra parte, aún tiene mucho que decirnos sobre la relación entre el yo y el ello nos ha enseñado que esa apariencia es engañosa; que por el contrario, el yo se continúa hacia adentro, sin límites precisos con una entidad psíquica inconsciente que denominamos ello y a la cual viene a servir como fachada". (Freud, 1987; p. 9)
En este continuo disfrazar el ello corremos el peligro de perder nuestra propia identidad, de esta manera se coarta nuestra necesidad de relacionarnos para sentirnos individuos plenos. Aquí cabe preguntar: ¿por qué disfrazamos nuestro ello con un yo mimético?, la respuesta podría ser que nuestras experiencias en las relaciones interpersonales nos llevan a actuar de una manera que sea aceptada por los demás; nos convertimos en aceptados o no aceptados contra aceptantes, cabría mencionar aquí que la idea de juzgar lo bueno y lo malo lleva al hombre a actuar de esa manera aparente que debe ser aceptada por la sociedad; así se pueden tomar las palabras de Fritz Perls acerca de este punto:
"Pensar en términos de 'bueno' y 'malo', avalúo, ética, moral, o como quiera que se llame a estas evaluaciones, desempeña un papel importante en la mente humana y no se explica ni por el fenómeno fondo-figura ni por el holismo, aunque existe cierta relación entre 'sentir lo bueno o lo malo' y totalidades completas e incompletas.
En nombre del 'bien' y del 'mal' se lucha, la gente ha castigado o educado, se han formado o roto amistades. Las obras dramáticas de ordinario contienen una persona -el héroe- al que se pinta de blanco, con alas invisibles y su contrapartida, el villano de negro, con cuernos. Cielo e infierno. Elevados honores y prisión. Premios y castigos. Alabanza y condenación. Virtud y vicio. Bien y mal... este 'bien y mal', como el interminable traqueteo de un tren, nunca cesa de permear los pensamientos y acciones humanas" (Perls, 19; p. 66).
Esta forma de ver las cosas hace del individuo un frustrado y lo desanima hacia su propio futuro. Las premisas mencionadas son bien explícitas al intentar describir la base de los conflictos existenciales del hombre; éste ha sido descrito a través de la teoría psicoanalítica como dependiente de los procesos del inconsciente; por ello se han utilizado las ideas de Perls -discípulo de Freud y fundador de la Terapia Gestáltica-; sin embargo es Carl Jung; quien, con su Psicología Analítica, puntualiza lo que se ha denominado la contrahumanización del hombre en la sociedad actual.
INDIVIDUACIÓN O HUMANIZACIÓN (Construir Alma)
Jung, a pesar de ser discípulo de Freud -en un tiempo considerado como su heredero en el trono del psicoanálisis- tiene diferencias fundamentales con su maestro; éstas se refieren "al rechazo de Jung de la sexualidad como el principal determinante de la conducta, su convicción de que la vida está dirigida, en su mayor parte, por las metas positivas y los objetivos que cada uno se establece y no sólo por factores intelectuales reprimidos y su énfasis en el crecimiento y el cambio a lo largo de la vida, en contraste con la creencia de Freud de que la personalidad quedaba inalterablemente establecida ya en la infancia" (Papalia y Wendkos, 1990; p. 516). Las raíces junguianas, además de alimentarse con la savia freudiana; también tiene sus bases en Keyserling, Dilthey y en la figura universal de Goethe; así entonces concluye con la negación de la libido sexualis de Freud auspiciando su libido nutritiva como la energía activadora de todos los procesos mentales.
"Esta concepción implica un cambio radical de actitud frente a la neurosis y frente al objeto de estudio más importante de las psicologías del inconsciente: los sueños... Los sueños vuelven a ser mensajeros de lo trascendente, dotados a veces de poder profético... La neurosis, que para el psicoanálisis y la psicología individual era, respectivamente, sexualidad y voluntad de potencia reprimida, no deja de ser todo esto, pero se convierte también en 'religiosidad reprimida'" (Jung, 1955; pp. 23-24).
Jung establecía que la personalidad del individuo era originada a través de la historia de la humanidad; "... La concepción del inconsciente colectivo restablece en sus altares los dioses mitológicos. El hombre 'moderno' niega los nombres de los antiguos dioses y demonios, pero no puede negar su realidad psicológica. Los dioses negados se convierten en fobias, obsesiones, delirios. 'Los dioses se han convertido en enfermedades, y Zeus no rige el olimpo, sino el plexus solaris'" (Jung, 1955; p. 24). Es por ello que todo su trabajo se basa en sus investigaciones sobre mitología, religión, ritos y toda la simbología de éstos, manifestada en los sueños. A estos dioses Jung los llamó arquetipos.
"Los arquetipos son como los 'complejos de la humanidad', que se oponen a los complejos individuales... El inconsciente colectivo viene a ser como un inmenso vestuario cuyos trajes va utilizando el yo a tenor de las circunstancias. Para afrontar las situaciones generales humanas el yo reviste una vestidura arquetípica, es decir, un modo preformado como el instinto de imaginar y actuar, que le ofrece la memoria de la especie" (Jung, 1955; p. 24).
Para poder explicar cada uno de los arquetipos de la psique del individuo nos valdremos del cuadro de la página siguiente:
“Jung opinaba que la mente está constituida por el yo ó ego (la mente consciente), el inconsciente personal (material reprimido u olvidado) y el inconsciente colectivo (la parte de la mente derivados de los recuerdos ancestrales). El inconsciente colectivo está formado por arquetipos, ideas emocionalmente cargadas, que unen los conceptos universales a la experiencia individual. Los arquetipos pueden ser descritos como símbolos de temas comunes que se encuentran a lo largo de generaciones y en todas las partes del mundo. Según Jung, poseemos muchos arquetipos con los que hemos nacido y que influyen en nuestra conducta. Por ejemplo, el arquetipo de la madre lo descubrimos cuando el bebé percibe a su madre, no sólo por el tipo de mujer que es y las experiencias que tiene de ella, sino también por el concepto preformado de madre con el que nace. Otros arquetipos son la persona (la máscara social que adoptamos), el ánima (el arquetipo femenino en el hombre) y el animus (el arquetipo masculino en la mujer)" (Papalia y Wendkos, 1990; p. 516).
Luego el arquetipo de la sombra se define como: "el lado oscuro de la personalidad, la cual posee una naturaleza primitiva, cargada de emociones y que se resiste al control moral; es lo que el individuo no quiere ser; siempre nos conecta con oscuridad" (Sanz y Villalobos, 1993; p. 25),
Y por último, el self ó sí mismo se define como:
"... arquetipo central y de totalidad -centro y circunsferencia a la vez-, comprende todo lo psíquico, consciente e inconsciente, y es como el verdadero sujeto que representa lo que uno verdaderamente es, en el sentido de lo que puede ser, si se autorrealiza como algo actual-potencial, trasciende el tiempo y el propio sujeto, aunque, paradójicamente, es el germen de su propia 'individualidad más íntima'. 'Nuestro sí mismo, como resumen de nuestro sistema viviente, no solamente contiene el sedimento y la suma de toda la vida que fue vivida, sino que es también el punto de partida, la matriz preñada de toda la vida futura, cuyo presentimiento (Vorabnung) se halla en el sentimiento interior con la misma claridad que el aspecto histórico'. De ahí la idea de inmortalidad. Representa la dimensión absoluta del hombre, psicológicamente, en cuanto es símbolo de la divinidad ó 'imagen de Dios' interior ó el 'alma', confiriéndole el simbolismo religioso mandálico, el poder integrador sobre la personalidad dividida; Cristo sería, por otra parte, uno de los mejores símbolos de Selbst" (Sanz y Villalobos, 1993; p. 35).
Así como la expresa la siguiente imagen:
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Luego de descritas todas las partes que conforman la imagen, se tratará de hacer un análisis de cómo interactúan cada una de ellas en la psique del individuo. Se establece entonces que; la idea de adaptación del hombre a las exigencias sociales genera en él la creación de una máscara con la cual presentarse delante de la sociedad; la misma le sirve para atacar o defenderse, esa máscara es lo que Jung denomina Persona, definiéndola de la siguiente manera:
"Fundamentalmente la persona no es nada real... un compromiso entre el individuo y la sociedad hasta lo que el hombre debe parecer ser... en relación con la individualidad de la persona en cuestión, es sólo una realidad secundaria... una apariencia, una realidad bidimensional... una máscara que oculta la individualidad y trata de hacer a otros creer que uno es un individuo, cuando uno simplemente está jugando un papel en donde la que habla es la psiquis colectiva". (Jung, 1977; p. 6).
Cabría decir que la persona de la cual el ego forma parte es un disfraz que nos ponemos para representar nuestro papel ante el mundo que nos lo exige; la misma es "una máscara que finge individualidad" (Jung, 1955; p. 101) ante la sociedad, con esa máscara podemos manejar nuestros complejos -contenidos psíquicos emocionalmente cargados- y así defendernos del ambiente que nos rodea, ella es generada por tres vertientes, a saber: el yo ideal que configura cada hombre -lo que deseamos ser-, el yo ideal que configura el ambiente en que vivimos -lo que la sociedad nos pide que seamos- y el yo real limitado por las condiciones psicofísicas de cada ser humano, es aquí donde comienza la problemática.
Para explicar un poco esto, puede decirse que todo el comportamiento humano viene del proceso de compensación consciente/inconsciente -verbigracia ley de los opuestos- que constantemente tratan de equilibrarse; sin embargo este equilibrio -definido por Jung como libido nutritiva o la energía que es equilibrio móvil entre contrarios, como una entidad "cuya naturaleza más íntima es la tensión entre contrarios" (Jung, 1955; p. 20)-, difícilmente es logrado, ya que las experiencias vividas por el hombre como ampliación de lo conocido puede causar inflación; es decir, se podría constelizar algún arquetipo del inconsciente y al convertirse éste en lo preponderante absorbe -por así decirlo- la individualidad del ser humano, polarizándolo de manera tal que deja de ser él mismo para convertirse en el arquetipo que constelizó en un principio. Esa polarización nos podría llevar a constelizar de una manera exagerada la sombra, el anima-animus, el self ó quizás algunos de los arquetipos del inconsciente colectivo, en otras palabras nos llevarían a la neurosis.
Para ser un poco más explícitos se diría que se ha utilizado "el término inflación para describir la actitud y el estado que acompaña la identificación del ego con el Self. Es un estado en que algo pequeño (el ego) ha usurpado para sí, las cualidades de algo grande algo grande (el Self) y por lo tanto, está inflado más allá de los límites de su propio tamaño" (Edinger, 1988; p. 5). Tomando en cuenta que el ego es el centro de la persona y que el Self es el centro equidistante entre lo inconsciente y lo consciente, en esa medida, al entrar en inflación el ego, la persona que es su manifestación ante la sociedad estaría en inflación. Es decir; lo que debe ser parte del inconsciente traspasa los límites de lo divino al volverse parte de lo consciente, trayendo como consecuencia la culpa implícita en el hecho -pecado ó inflación- con su consecuente castigo por parte de la divinidad profanada, condenándonos a la soledad. La soledad de no ser ya parte de la humanidad, por ser diferentes, y de no ser parte de la divinidad por no ser dioses; deviniendo en psicopatología o muerte. Un poco, tal vez, lo que ha llamado Fromm necrofilia.
Jung, como visionario, da en el clavo al establecer el proceso de individuación como solución a la problemática existencial de la humanidad. Para aclarar un poco más esto se tratará de definir individuación -la cual no es individualismo- en los propios términos junguianos:
"... la individuación significa precisamente un cumplimiento mejor y más pleno de lo que constituyen las determinaciones colectivas del individuo, en cuanto que una consideración suficiente prestada a la singularidad individual permite esperar un rendimiento social más efectivo que si esa singularidad se desatiende o reprime... De modo que la individuación sólo puede significar un proceso de evolución psicológica que realiza las determinaciones individuales dadas, o, en otras palabras constituye al ser humano como ese ente singular que es. No por ello viene a hacerse 'egoísta', sino que simplemente realiza su singularidad, lo cual, como queda dicho, está a distancia astronómica del egoísmo o del individualismo... En cambio, la individuación procura precisamente una cooperación vital de todos los factores... el objetivo de la individuación no es otro que liberar el sí-mismo, por una parte de las falsas envolturas de la persona, y por otra de la fuerza sugestiva que ejercen las imágenes del inconsciente" (Jung, 1977, p. U)
De ninguna manera es fácil entender toda esta trama urdida por Jung; en dado caso competiría al sí mismo accesar a los umbrales de ese entendimiento, sin embargo ese es un proceso largo que nos lleva toda la vida. Lo contrario sería que el hombre al presentar continuamente la máscara -persona- podría volverse el amante de un afuera que -para su seguridad- debe ser inorgánico, manipulable, en otras palabras muerto. Es muy difícil para él ver que solamente aceptándose como es podría cambiar su entorno a una vida humana más activa y compartida y así -por equilibración de opuestos complementarios- lograr la individuación que lo haría realmente un ser humano realizado por ende la sociedad sería más humana también. Así la humanización del hombre o la individuación del hombre sería la evolución armónica del ego en el self; es decir, el primer paso para poder verse a sí mismo, saber quién es y entender la sociedad a la cual pertenece. Al aceptarse a sí mismo y a su entorno tal cual es, haría una vida plena, tal vez la sociedad ideal en biofilia de Fromm a la que se hizo mención al principio del trabajo.
Se concluiría entonces, que solamente a través del proceso de individuación se mantendría un equilibrio -libido nutritiva- del ego -como parte del consciente- y del Self -como parte central de la personalidad; en su carácter mandálico, tomando a la mandala como símbolo específico de equilibrio o de organización perfecta en un dinamismo de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro-. Es decir, la humanización del hombre, entendida como el conocimiento y aceptación de sí mismo para poder conocer y aceptar a las demás personas de su entorno y de esta manera vivir en armonía o biofilia en esa sociedad ideal de la que hablaba Erich Fromm.

BIBLIOGRAFÍA

EDINGER, Edward F.: "El ego inflado y el ego alienado", tomado de Ego and Archetype, Capítulos I y II, Penguin Books, N.Y., Traducción: B. Paván, Caracas, enero, 1988, 47 p.
FRANKL, Viktor: Psicoterapia y Humanismo, Fondo de Cultura Económica, 2ª edición, México, 1984, 218 p.
FREUD, Sigmund: El malestar en la cultura y otros ensayos, Alianza Editorial, Madrid, 1987, 239 p.
FROMM, Erich: El arte de amar, Editorial Paidós, 15ª edición, Buenos Aires, 1974, 155 p.
........................: Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea, Fondo de Cultura Económica, México, 1976, 305 p.
.......................: El miedo a la libertad, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1977, 325 p.
.......................: La revolución de la esperanza, Fondo de Cultura Económica, México, 1980, 157 p.
.......................: La soledad del hombre, MonteAvila Editores, Caracas, 1985, 298 p.
.......................: El corazón del hombre, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, 180 p.
HALL, C. S. y G. Lindzey: "Las teorías psicosociales de la personalidad", tomado de Publicaciones de Universidad de Carabobo, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Valencia, 1975, pp. 23-30.
JUNG, C. G.: El yo y el inconsciente, Luis Miracle Editor, 3ª edición, Barcelona, 1955, 255 p.
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jueves, 22 de noviembre de 2012

Arquetipo de La Sombra. Carl Gustav Jung


A continuación les presento un extracto del escrito de Carl Jung sobre el Arquetipo de la Sombra. Es sumamente interesante y fascinante por la reflexión que conlleva. Me encantarían sus comentarios.
II
LA SOMBRA
13 Mientras que los contenidos del inconsciente personal se adquieren a lo largo de toda la vida, los contenidos del inconsciente colectivo son de forma invariable los arquetipos que se han manifestado desde el génesis del mundo. Su relación con los instintos ha sido discutida anteriormente. Los arquetipos Psique del Individuomás claramente caracterizados desde el punto de vista empírico son aquellos que tienen la mayor influencia distorsionante sobre el ego. Estos son la sombra, el ánima y el animus. El de mayor acceso y el más fácil de experimentar, es la sombra, por su naturaleza puede ser inferido en gran medida desde los contenidos del inconsciente personal. Las únicas excepciones de esta regla son aquellos casos más raros donde las cualidades positivas de la personalidad son reprimidas, y el ego en consecuencia juega un rol esencialmente negativo o desfavorable.
14 La sombra es un problema moral que pone en tela de juicio la totalidad ego-personalidad, pero nadie puede haber concientizado a la sombra sin un considerable esfuerzo moral. Concientizarla involucra reconocer los aspectos oscuros de la personalidad tanto presentes como reales. Este acto es una condición esencial para cualquier tipo de autoconocimiento, y ella por ende, regularmente, presenta una considerable resistencia. Verdaderamente, el autoconocimiento como una medida terapéutica requiere con frecuencia de un trabajo muy cuidadoso que se extiende por un periodo sumamente largo.

15 El más íntimo análisis de las características oscuras -tal es, las inferioridades que constituyen a la sombra- revela que ellas tienen una naturaleza emotiva, un tipo de autonomía, y por ende una cualidad obsesiva o, mejor, posesiva. La emoción, entre paréntesis, no es una actividad del individuo sino algo que él experimenta. Los efectos ocurren usualmente donde la adaptación es más débil, y al mismo tiempo revelan la razón de su debilidad, es decir, un cierto grado de inferioridad y la existencia de un nivel de personalidad más bajo. En este nivel más bajo -con sus incontroladas o escasamente controladas emociones- uno se comporta más ó menos de forma primitiva, no siendo sólo la víctima pasiva de sus deseos sino también singularmente incapaz de hacer un juicio moral a los mismos.
16 Con comprensión y buena voluntad, la sombra puede ser asimilada por extensión a la conciencia personal, aunque la experiencia nos muestra que hay ciertos rasgos que ofrecen una resistencia más obstinada al control moral y resultan casi imposibles de influenciar. Estas   resistencias son usualmente inseparables de  las proyecciones, las cuales no se reconocen tal cual son, y su reconocimiento es ya un logro moral extraordinario. Así algunos rasgos peculiares de la sombra pueden reconocerse sin mucha dificultad como cualidades propias, pero en casos como este -ambos comprensión y buena voluntad- son inútiles ya que la causa de la emoción parece apoyarse, por encima de todas las posibilidades de duda, en la otra persona. Por evidente que puede ser esto a un observador neutral, todo es una cuestión de proyecciones; sin embargo, hay una pequeña esperanza de que el sujeto se perciba a sí mismo. El debe convencerse de que va a despojarse de un gran pedazo de sombra antes de resolverse a separar sus proyecciones con tono emotivo del objeto de las mismas.
17 Vamos a suponer que cierto individuo no muestra ninguna inclinación a reconocer sus proyecciones. El factor estructurante de la proyección luego tiene una ejecución libre y puede dar vida a su objeto -si tiene uno- o poner de manifiesto alguna otra situación característica de su poder. Como sabemos, no es el sujeto consciente sino el inconsciente el que hace la proyección. En consecuencia nos encontramos con las proyecciones no las creamos. La finalidad de la proyección es separar al sujeto de su ambiente, puesto que en vez de una relación real con él hay ahora sólo una ideal. Las proyecciones cambian al mundo dentro de la réplica de la propia faz desconocida. En el análisis final, en consecuencia, ellas se dirigen a una condición autoerótica o autística en la que uno sueña un mundo cuya realidad permanece por siempre inalcanzable. El sentirse incompleto resultante y el todavía peor sentirse estéril pueden en su oportunidad explicarse por la proyección a través de la malevolencia del ambiente, y porque el síntoma de su círculo vicioso el aislamiento se intensifica. La mayoría de las proyecciones están dispuestas entre el sujeto y el ambiente, lo más duro para el ego es ver a través de sus ilusiones. Un paciente de cuarenta y cinco años -quien había sufrido de una neurosis compulsiva desde que tenía veinte años convirtiéndose así, por completo, en el punto de expansión del mundo- una vez me dijo: "Pero, ¡yo no puedo nunca admitir a mí mismo que he derrochado los mejores veinticinco años de mi vida!".
18 Es trágico ver con frecuencia como un hombre bulliciosamente estropea su propia vida y las de otros y sigue aún completamente incapaz de ver cuanto de la totalidad de su tragedia se origina en él mismo, y como continuamente la alimenta y la mantiene viva. No conscientemente, por supuesto -aún así, conscientemente se compromete en lamentar y maldecir a un mundo infiel del cual se aleja cada vez más. Más bien, es un factor inconsciente el que teje las ilusiones que disfraza su mundo. Y lo que está tejiéndose es un capullo, que al final lo envolverá completamente.
19 Podemos asumir que proyecciones como éstas, las cuales son muy difíciles sino imposibles de resolver, pertenecen al reino de la sombra -esto es, al lado negativo de la personalidad. Esta presunción se convierte en insostenible después de cierto punto, ya que los símbolos que luego aparecen no son mayormente referidos al mismo sexo sino al opuesto, en el caso de un hombre a una mujer y viceversa. La fuente de las proyecciones no es en la mayoría de los casos la sombra -la cual es siempre del mismo sexo que el sujeto- sino una figura contrasexual. Aquí nos encontramos con el animus de la mujer y el ánima del hombre, dos arquetipos relacionados -quienes autónomos e inconscientes- explican la terquedad de sus proyecciones. Aunque la sombra es un tema tan conocido en mitología como el ánima y el animus, representa el principio y el pionero del inconsciente personal, y su contenido puede, por lo tanto, hacerse consciente sin mucha dificultad. En esto difiere del ánima y del animus, en vista de que la sombra puede ser observada por completo y reconocida clara y fácilmente, pero el ánima y el animus están más alejados de la conciencia y en circunstancias normales son rara vez -si alguna vez- comprendidas. Con una pequeña autocrítica podemos ver a través de la sombra -en la medida que su naturaleza es personal. Pero cuando aparece como un arquetipo, encontramos las mismas dificultades que con el ánima y el animus. En otras palabras, para un hombre está completamente dentro de los límites de su posibilidad reconocer el mal relativo de su naturaleza, pero es una experiencia extraña y frustrante para sí contemplar en su interior el rostro de la maldad absoluta.
Tomado de: The Shadow.
JUNG, C.G. (1979): Aion. Collected works. Bollingen Series XX. Princeton: Princeton University Press.
Traducido por: Mylene Florence Rivas Román.
Centro de Estudios Junguianos de Venezuela.
Valencia, marzo, 1996.-

martes, 6 de noviembre de 2012

COSMOGONÍA y ORGANIZACIÓN: SU TRANSFIGURACIÓN

“Tu visión se aclarará sólo cuando mires dentro de tu corazón... 
Quien mira hacia afuera, sueña… Quien mira hacia adentro, despierta”
Carl Jung
“Cuando Yo cambio… El Mundo cambia”
Cecilia Levy

He tomado a algunos autores para fundamentar la visión de la Organización como parte del Cosmos que rodea a cada individuo que la integra, así tenemos que:

Para Ervin Laszlo (1997):
“El próximo gran cambio de paradigma científico será, pues de naturaleza del término, según el cual la cosmología es la ciencia de la totalidad de la realidad (recordemos que, en griego clásico, Kosmos significa ‘totalidad ordenada”.
Así como cambia el paradigma científico, también cambia el paradigma individual y social, aquel que torna la realidad en algo que puedo cambiar a través de mis decisiones.

Para Errol Harris citado por Ervin Laszlo (1997):
“Para este pensador, lo que podría lograr la nueva ‘cosmología de la totalidad’ que está emergiendo
es lo siguiente:


  • Proporcionar una descripción adecuada de la totalidad del universo como algo simple, indivisible y formado por partes relacionadas entre sí, que se pueden distinguir pero nunca separar completamente.
  • Desvelar el principio universal que organiza los sistemas. Dicho principio está presente de modo inmanente en todas las partes del universo, cada una de las cuales lo manifiesta y lo ejemplifica.
  • Poner de manifiesto la escala jerárquica de diferenciación que estratifica todas las partes del universo, según una progresión de niveles emergentes de complejidad creciente, en la que cada parte expresa el principio organizador con mayor plenitud y adecuación que las partes que la preceden en la escala.
  • Desplegar una red compleja de interdependencias cuyos elementos estén, todos ellos, ajustados unos con respecto a los otros, en estructura y función.”
Esta red compleja de interdependencias es lo que denominamos Cosmos o Mundo Real.

Para Carl Jung (1959):
“...El concepto de orden (en la creación) no es idéntico al de ‘sentido’. Tampoco un ente orgánico tiene, pese a su adecuación en sí mismo, pleno sentido, no es significante de modo necesario en la relación total... Sin la conciencia reflexiva del hombre el mundo es un absurdo gigantesco, pues el hombre es, según nuestra experiencia, el único que puede en todas partes comprobar el ‘sentido’... En este caos contingente existieron fenómenos sincronizados que, frente a las conocidas leyes de la naturaleza y con ayuda de las mismas, pudieron realizarse en factores- síntesis arquetípicas que nos parecen milagrosos. Causalidad y teleología quedan aquí negadas, pues los fenómenos sincronizados se comportan como contingentes... necesitamos la hipótesis de un sentido latente para explicar no sólo los fenómenos sincrónicos, sino también las síntesis superiores. El sentido parece fue en un principio inconsciente y por ello sólo puede descubrirse post hoc; por ello existe siempre el peligro de que el sentido se sitúe en donde no está. Necesitamos las experiencias sincronizadas para poder fundamentar la hipótesis de un sentido latente que depende de la conciencia”.
A estos planteamientos Jung los denominó Arquetipo de la Totalidad.

John Weir Perry (2011) establece el Arquetipo de la Totalidad descrito por Jung (1959) de la siguiente manera:
“De acuerdo con los propósitos de la PSYQUE, con el fin de romper la seguridad de  un consenso  sólido y  de convenciones, es necesario encontrar la experiencia del proceso de la muerte en la profundidad psíquica, y también al mismo tiempo, la disolución de lo familiar, cotidiana visión del mundo. A pesar de que toda esta demanda podría parecer, a primera vista, demasiado drástica, se trata en realidad de la muerte de la imagen de sí mismo conocida  y la destrucción de la imagen conocida del mundo para dar lugar a la regeneración propia de nuestra psique. Estas dos imágenes (mundo y sí mismo) se mueven juntas en el proceso, cada una de ellas posee un aspecto de la otra, y ambas asumen la forma de una Mandala”.
El Cosmos tiene forma de Mandala (una totalidad organizada, más que ordenada); porque el orden sólo depende del prisma paradigmático de quien observa.

Bohm (2002) plantea:
“Las manifestaciones de la vida provienen de un único manantial de causalidad que incluye cada átomo del universo. De las partículas subatómicas a las galaxias gigantes, todo es al mismo tiempo parte infinitesimal y totalidad del ‘todo’ Para decirlo en palabras simples: no existe. Esta concepción es el elemento base de las filosofías orientales, dónde en sustancia el mundo material es una ilusión, en donde por ejemplo los procesos de curación de las enfermedades dependen de cada uno de nosotros mismos, y las mismas curaciones milagrosas podrían ser en realidad debidas a un cambio del estado de conciencia que provoca cambios en el holograma corpóreo”. Este es un planteamiento establecido por Bohm quien: “Se convenció de que el motivo por el cual las partículas subatómicas quedan en contacto, independientemente de la distancia que las separa, reside en el hecho de que su separación es una ilusión: en un cierto nivel de realidad más profunda, tales partículas no son entidades individuales sino extensiones de un mismo ‘organismo’ fundamental”.
Nuestra realidad es el cosmos que queremos observar, consciente o inconscientemente. El Observador es quien decide.

Para Rafael Aluni Montes (1997):
“Los físicos en su estudio de la realidad han encontrado que pueden agrupar en cuatro fuerzas a la totalidad de la información contenida en el espacio. Ellas son:
la Fuerza Gravitacional; la Fuerza de Interacción Débil; la Fuerza de Interacción Fuerte y la Fuerza Electromagnética (Chopra, 1991).


En la Teoría Sintérgica a ellas se les conoce como Bandas Sintérgicas. Según Grinberg (1983) a cada banda le corresponde un nivel de Conciencia o Darse Cuenta. Para nuestro estudio, ésta es una de las consideraciones más importantes porque podemos deducir que dependiendo del nivel de conciencia que se tenga se podrán decodificar más o menos niveles de la realidad, que la física los explica a través de las cuatro fuerzas fundamentales y que la teoría sintérgica llama Niveles Neurosintérgicos. Estos son en verdad unos orbitales de la conciencia. Hay que recordar que una órbita es una trayectoria seguida por un elemento que gravita en torno a otro. La conciencia puede entonces estar en diferentes niveles de la realidad gravitando alrededor de lo que se conoce como el observador. En el nivel que uno se identifique ahí estará la conciencia...

Como síntesis, los orbitales de la conciencia son los diferentes niveles que la Conciencia es capaz de asumir acerca de la realidad. Esta realidad no es la Realidad en sí ya que como se mencionó antes ésta es sólo una representación de la misma. Sin embargo, algunos exploradores de la conciencia dicen que sí es posible llegar a acceder a conocer la Realidad tal cual es si nos colocamos en Conciencia de Unidad. Que es un estado en el cual desaparece la dicotomía externo-interno, objetivo-subjetivo, mundo-individuo. Y mencionan que la técnica maestra para llegar a ese estado es la Meditación (Beauchamp-Turner, Deborah y Levinson, 1992; Chopra, 1991; Natsoulas, 1994; Shapiro, 1994; VanSlyck, New Land y Stern, 1992; Young, 1994; Grinberg, 1987).”
Para una aproximación más sana de la realidad, sería ideal que el Observador tomara conciencia de lo aparente de la real y que es una realidad social e individual producto de las creencias que conforman su propio paradigma. Al cambiar las creencias la realidad también cambia. Es necesario, entonces, que nos transfiguremos en Observador Último y sólo el caos (crisis) nos permite darle sentido a ese todo que se reorganizaría para una vida más plena. “Si Yo Cambio… El Mundo Cambia”. Es necesario cambiar el observador que somos…



Albert Einstein establece:
“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar 'superado'… Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."
clip_image018Aparentemente la totalidad de lo real cambia, se transforma; a través, de la crisis. El Cosmos transfigura su Totalidad con el Caos. Cuando el Caos cobra Sentido se convierte en Cosmos. Este nuevo cosmos es sinónimo de consciencia, es una manifestación que nos muestra que el Observador se ha Transfigurado en Observador Último para una sana vinculación a la realidad de la que forma parte.







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Peripecias de la Vida 1

Hoy es un día frío, ha comenzado la temporada de lluvias en Venezuela, por esa razón y la lentitud de días como este, me animo a es...